¡Felices Fiestas!
Recuerdo el inicio de estas fiestas de hace años. Al principio, sentí una punzada de culpa. ¿Cómo pude permitirme estos días sin preparación? Luego, al seguir pasando las páginas y pasar los meses posteriores, lo entendí. Aquel yo del pasado no había abandonado. Había decidido, consciente y deliberadamente, regalarse una pausa.
Esa decisión, que en su momento quizá me pareció un lujo peligroso, resultó ser una de las más sabias de todo mi proceso. Porque volver después de esos días fue como regresar con los pulmones llenos de aire nuevo, con la mente despejada, con la convicción renovada de por qué había empezado este camino.
El silencio
En la vorágine de la preparación y programaciones didácticas que reescribimos por quinta vez, a veces olvidamos algo fundamental. No somos máquinas de procesar información diseñadas para almacenar y repetir contenidos. Somos personas que estudian para enseñar a personas.
Pienso en mis propios profesores, aquellos que dejaron huella en mi vida. Los recuerdo y me doy cuenta de algo curioso. No los recuerdo por la perfección de sus exposiciones ni por su dominio enciclopédico de los contenidos. Los recuerdo por su capacidad de estar presentes, de mirar con calma, de transmitir algo que iba mucho más allá del temario.
Esa capacidad de conexión humana, no se cultiva solo estudiando. Se cultiva viviendo. Estando. Permitiéndote momentos donde tu cerebro no memorice, sino que simplemente exista en compañía de quienes más quieres.
Tregua imposible
Navidad de 1914, en medio del infierno de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Los soldados británicos y alemanes llevaban meses matándose mutuamente en el barro de Flandes. Y entonces, en la noche del 24 de diciembre, comenzó a suceder algo inexplicable.

Primero fueron villancicos. Voces alemanas cantando «Stille Nacht» desde sus trincheras. Luego, voces británicas respondiendo con «Silent Night». La misma canción, idiomas diferentes, el mismo anhelo humano. Poco a poco, los soldados comenzaron a salir de sus posiciones. Se encontraron en la tierra de nadie, esa franja de muerte que separaba los bandos. Compartieron chocolate, cigarrillos, fotografías de sus familias. Incluso hay quien dice que jugaron un partido de fútbol.
Fue breve, fue espontánea, fue casi imposible de creer. Pero sucedió. Incluso en el contexto más brutal imaginable, el espíritu humano encontró una grieta para recordar que del otro lado no había monstruos, sino personas como ellos, que también extrañaban sus hogares.
Tu oposición no es una guerra, pero sí es una batalla personal intensa, exigente, que consume tus días y tus pensamientos. Y si aquellos soldados pudieron encontrar un momento de humanidad en las trincheras, tú también puedes permitirte estas fechas para reconectar con lo que te hace humano.
Largo plazo
Tienes que darte espacio. Una tarde ir al cine en lugar de a la biblioteca, ir a una cena larga con amigos donde no se hable de oposiciones ni una sola vez, un día que simplemente te permita desayunar con calma sin abrir ningún libro.
Esos momentos no restan nada a tu preparación. Al contrario. Te dan energía emocional, perspectiva psicológica y la salud mental necesarias para seguir adelante en los meses posteriores. Son pequeñas estaciones de servicio en una carrera de fondo, lugares donde repostar no solo conocimientos, sino también humanidad.
Porque, y esto es algo que quiero que quede claro, preparar una oposición no es solo un ejercicio intelectual. Es también un maratón emocional donde tu corazón necesita tanta atención como tu mente. Y el corazón se alimenta de otras cosas. De conversaciones sin prisa, de abrazos largos, de risas compartidas alrededor de una mesa.
Opositiva
Nos emociona profundamente formar parte de tu camino hacia convertirte en docente de secundaria. Es un privilegio que no tomamos a la ligera. Por eso queremos que sepas que nuestro acompañamiento no es solo académico. También es humano.
Entendemos que tras cada opositor hay una persona con sueños, con dudas, con días buenos y días difíciles. Alguien que está apostando por un futuro en la educación pública porque cree que puede marcar una diferencia en la vida de sus futuros estudiantes.
Por eso, en estas fechas, nuestro mensaje es sencillo.
Regálate una pausa
No es un lujo ni una debilidad. Es una inversión en tu propio bienestar, y por extensión, en tu futura práctica docente. Los mejores profesores no son los que más han estudiado sin parar, sino los que también trabajan su parte humana.

Un regalo para tu futuro
Si aún no formas parte de nuestra comunidad, esta Navidad puede ser el momento perfecto para dar ese paso. No solo accederás a los mejores contenidos para preparar las oposiciones de secundaria, sino que te unirás a un equipo que entiende que la preparación también debe ser humana.
Comienza 2026 con el mejor equipo a tu lado
Feliz Navidad desde todo el equipo de Opositiva
🎄 📚 ✨
Que esta Navidad te traiga calma, que las conversaciones sean largas y las preocupaciones breves. Nos vemos en 2026, con más fuerza que nunca.