#91 Estrella fugaz

Era tarde, demasiado tarde para seguir trabajando.

Pero ahí estaba yo, sentado frente al ordenador, convencido de que solo necesitaba «un último repaso» de mi programación.

Llevaba meses preparándola.

Cada apartado, cada actividad, cada criterio de evaluación había sido revisado decenas de veces.

La tenía impresa, encuadernada, incluso había practicado la defensa oral frente al espejo.

Abrí el archivo.

Leí la primera página.

Luego la segunda.

Y entonces, algo extraño empezó a ocurrir.

Palabras que antes me parecían sólidas ahora sonaban huecas.

Justificaciones que creía blindadas se revelaban vagas, improvisadas.

Esa sensación en el estómago, ese vértigo de quien descubre que el suelo bajo sus pies no era tan firme como pensaba.

Apagué el ordenador.

Miré por la ventana.

Era 5 de enero.

Al día siguiente llegarían los Reyes Magos, como cada año.

Y pensé en ellos.

Aquellos tres sabios que viajaron tanto tiempo siguiendo una estrella, convencidos de que les llevaría directamente a un palacio, a un trono, al final glorioso de su búsqueda.

Pero encontraron un establo.

Un principio, no un final.

Esa noche entendí algo fundamental sobre las oposiciones.

Algo que nadie me había explicado y que yo tampoco había querido ver.

Entre oro, incienso y mirra…

La Epifanía simboliza la manifestación, la revelación de algo que ya estaba ahí, pero que no se había hecho del todo visible.

Desde que San Nicolás marca el inicio de las fiestas a principios de diciembre, hasta que los Reyes Magos cierran el ciclo navideño, transcurre un tiempo que no es solo celebración. Es también un espacio de tránsito, de reflexión, de preparación interior. Como si la Navidad nos regalara un paréntesis para revisar el año que termina y contemplar el que está por comenzar.

En la tradición cristiana, Melchor, Gaspar y Baltasar llegan tras un largo viaje, guiados por una estrella, creyendo que todo está preparado.

Pero lo que encuentran es un pesebre. El principio, no el final.

Muchos opositores, tras meses de estudio, sienten que lo tienen todo.

Los temarios subrayados, Programaciones Didácticas redactadas y decenas de simulacros realizados. Pero justo en ese momento, en plena «epifanía» personal, descubren algo inquietante. Como sus Majestades los Reyes Magos, que esperaban un trono y encontraron un establo, tú también puedes descubrir que tu Defensa Oral tambalea, que tus justificaciones curriculares son vagas o que tu lenguaje corporal no comunica seguridad.

Aquella noche del 5 de enero yo creía tenerlo todo. Pero abrir esa caja, mi programación, mi trabajo de meses, me mostró la distancia que aún había entre lo que había hecho y lo que realmente necesitaba presentar ante un tribunal.

El momento de oro

La preparación para las oposiciones no es una línea recta.

Hay curvas que no aparecen en ningún mapa, desiertos que atravesar después de creer que ya habías llegado.

La «estrella» que te guía, el calendario, tu academia o tus compañeros, te lleva, sí, pero no hasta la meta, sino hasta el umbral de la conciencia pedagógica.

Debes descubrir lo que aún no sabes, lo que debes revisar, reestructurar, entrenar.

Hemos conocido opositores que saben sacar petróleo de donde otros solo ven piedras áridas.

No porque tengan más tiempo o más recursos, sino porque han entendido algo fundamental.

La diferencia entre estar preparado y estar preparándose.

Entre tener materiales y tener criterio.

Entre acumular información y saber transformarla en propuestas pedagógicas sólidas, bien fundamentadas, listas para resistir el escrutinio de un tribunal exigente.

El Día de Reyes Magos, el 6 de enero, marca simbólicamente el cierre del periodo navideño y el arranque de la recta final de muchas preparaciones.

Es el momento perfecto para tu verdadera «epifanía», para hacer lo que hicieron Melchor, Gaspar y Baltasar: postrarse ante la realidad y ofrecer lo mejor que tienes, sabiendo que el camino de vuelta será diferente al de ida.

Hazte estas preguntas mientras los Reyes Magos descansan de su travesía:

• ¿Mi programación conecta con el currículo actual y con situaciones reales de aula?

• ¿Sé defender con solidez mis decisiones metodológicas ante el tribunal?

• ¿Mi planificación está pensada para la diversidad real del alumnado?

Los regalos de la preparación consciente

Pienso en aquellos tres sabios de Oriente y en sus ofrendas. Baltasar trajo mirra, Gaspar incienso, Melchor oro.

Ninguno de esos regalos era para consumo inmediato.

Son símbolos de un reconocimiento profundo, de una preparación que había comenzado mucho antes de ver la estrella.

No improvisaron en el último momento.

Hay opositores que saben sacar petróleo incluso de las experiencias más áridas.

De aquella clase conflictiva, de aquel proyecto que no salió como esperaban, de esas horas interminables corrigiendo ejercicios.

Saben extraer aprendizaje, reflexión, competencia profesional auténtica.

Porque han entendido que el tribunal no busca perfección, sino profundidad.

No busca respuestas ensayadas, sino pensamiento educativo genuino.

Tú también puedes ofrecer al tribunal una «mirra» de experiencia docente reflexionada, un «incienso» de fundamentación educativa y un «oro» de solidez pedagógica.

Pero eso no se improvisa en el viaje. Se construye, se pule y se interioriza trabajando durante meses.

Se trabaja con la paciencia de quien sabe que las buenas propuestas, como las buenas ideas, necesitan su tiempo para madurar. Como un fruto que no puede arrancarse verde del árbol, tu preparación necesita ese proceso de maduración que no admite atajos. Un pensamiento maduro, una defensa madura, una programación que respire experiencia y no precipitación.

La diferencia entre lo que está preparado y lo que está maduro es la misma que separa la competencia de la maestría. Y el tribunal, créeme, sabe distinguir.

No dejes que tu estrella se apague tras las fiestas.

No cometas el error de creer que, porque has llegado hasta aquí, ya has llegado.

Los Reyes Magos tuvieron que regresar «por otro camino», transformados por lo que habían visto.

Tú también debes estar dispuesto a cambiar de ruta si es necesario, a revisar lo que creías terminado, a profundizar donde aún hay superficie.

Es hora de revisar, repensar y reilusionarse. Porque la epifanía verdadera de un opositor no es cuando siente que ya lo tiene todo hecho, sino cuando se da cuenta de lo que aún puede mejorar, de lo que necesita más trabajo, más reflexión, más tiempo para madurar antes de presentarlo ante el tribunal.

En este Día de Reyes, mientras los niños abren sus regalos con ilusión, quizá sea momento de que tú también abras esa caja que has estado evitando. No con miedo, sino con la valentía de quien sabe que todavía hay camino por recorrer. Y que ese camino, precisamente, es donde se construye la verdadera preparación.

Desde Opositiva te ofrecemos no solo materiales, sino también guía, acompañamiento y mirada crítica para que llegues a tu tribunal como un auténtico profesional de la enseñanza. Como aquellos tres sabios que supieron reconocer lo esencial bajo las apariencias más humildes.

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Esperamos que pasaras un Feliz Día de Reyes.

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