Lo que Japón alquila
Hay un país donde se puede contratar a un padre por horas. Y hay un verano, el tuyo, en el que descansar todavía parece una pérdida de tiempo.
En Tokio existen agencias donde puedes alquilar una familia. No, no, no has leído mal y no es una metáfora. Contratas a un actor para que interprete a tu padre en una boda, a una hija que se marchó de casa, a un amigo que acuda a tu cumpleaños o a un compañero de trabajo que asista a una cena de empresa. El servicio se paga por horas, se acuerda el guion y, cuando termina el acto, cada uno vuelve a su vida.
El fenómeno es minoritario, pero lleva décadas funcionando y ha crecido lo suficiente como para convertirse en industria y, ahora, en cine: Rental Family, con Brendan Fraser interpretando a un actor estadounidense que trabaja en una de esas agencias en Tokio. Lo que empieza como un encargo profesional acaba planteando una pregunta que incomoda bastante.
¿Puede una relación contratada sustituir a una relación construida?
Estamos a finales de julio. Los procesos selectivos han terminado. Las notas están publicadas, los méritos alegados, las listas en marcha. Y muchos opositores se encuentran, por primera vez en meses, con algo que no saben manejar ¡tiempo libre!.
La hiperproductividad no se va de vacaciones
Ser productivo es usar bien el tiempo y los recursos para llegar a un objetivo. Eso no es el enemigo. Gracias a una buena planificación se aprueba una oposición y no gracias a la inspiración.
El problema aparece cuando la productividad deja de ser una herramienta y se convierte en la vara con la que medimos nuestro valor personal. Ya no pensamos «hoy he estudiado tres horas con atención». Pensamos «solo he estudiado tres horas». Y cuando llega agosto y no hay nada que medir, la maquinaria no se apaga. Busca otra cosa que contar. Un curso de verano. Un temario que adelantar. Una programación que empezar en agosto «para ir con ventaja».
La productividad organiza el camino. La hiperproductividad convierte el camino en una cinta de correr que nunca se detiene, ni siquiera cuando ya no hay nada que correr.
Ser productivo es usar bien el tiempo y los recursos para llegar a un objetivo. Eso no es el enemigo. Gracias a una buena planificación se aprueba una oposición y no gracias a la inspiración.
Desde Opositiva seguimos apostando por el valor del aburrimiento y la pérdida de tiempo. No siempre, no. Pero es en ese momento aburrido en el que tu cabeza no está trabajando cuando, de repente, hace un clic en la cabeza y mejoras, resultas ser más creativo. La productividad no lo es todo.
Dos sociedades, dos maneras de gastar la vida
Gastar es un verbo que no hemos elegido al azar.
Japón no inventó la soledad. La ha industrializado antes que nadie. Tiene una palabra propia para la muerte por exceso de trabajo, karoshi. Tiene un fenómeno con nombre propio, el hikikomori, personas que llevan meses o años sin salir de casa y que una encuesta oficial de la Oficina del Gabinete cifró en más de 1,4 millones. Tiene, desde 2021, un ministerio dedicado específicamente a la soledad. Y tiene agencias donde se alquila una familia.
España juega otra liga cultural. Aquí sigue existiendo la sobremesa que se alarga, el bar como infraestructura social, la familia extensa que aparece sin avisar, el pueblo en agosto, la cena que empieza a las diez y acaba a las dos. Todo eso, que a veces nos parece folclore o desorden, es capital relacional. Es exactamente lo que la Organización Mundial de la Salud pide construir cuando alerta de que 1 de cada 6 personas en el mundo se ve afectada por la soledad.
Ahora la parte incómoda. La ventaja española se está erosionando. El Barómetro de la soledad no deseada sitúa en torno al 20 % la población española que la sufre y en un 13,5 % la que la arrastra de forma crónica, con más incidencia entre las mujeres. Y el informe de la OCDE sobre conexiones sociales muestra la tendencia de fondo en los países desarrollados y, especialmente, entre los jóvenes, el contacto presencial diario con amigos ha caído del 53 % en 2006 al 44 % en 2015 y al 36 % en 2022, mientras el contacto digital sube sin parar.
Las redes sociales y la IA nos pueden dar mucho, pero hay que ser conscientes de sus problemas y limitaciones. Y este valor cultural tan nuestro, tan mediterráneo, tan de estar con los demás no debemos dejar que nos lo arrebate.
No vamos camino de alquilar familias. Vamos camino de tener cientos de contactos y no saber a quién llamar.
Esto no es un asunto privado: es un asunto de aula
Aquí es donde el tema deja de ser un consejo de autoayuda veraniego y se convierte en materia docente. El mismo informe de la OMS incluye un dato que cualquier profesor de Secundaria debería tener subrayado: los adolescentes que se sienten solos tienen un 22 % más de probabilidades de obtener notas o calificaciones bajas. Pero más allá de las calificaciones, que no lo son todo, ni mucho menos. Pueden ser un grave problema de seguridad en sí mismos y derivar en problemas personales graves.
Trayéndolo a nuestro terreno y hablando de lo que espera un tribunal de oposiciones, tus futuros compañeros, que entiendas que no son adorno pedagógico ni relleno para una programación, hablamos del clima de aula, la cohesión del grupo, el trabajo cooperativo bien diseñado y la acción tutorial . Son variables de rendimiento. Cuando en tu propuesta justificas una dinámica de acogida, un plan de convivencia o una agrupación heterogénea, no estás siendo simpático, estás actuando sobre un factor con impacto medible en los resultados de tu alumnado.
Y hay una contradicción que conviene mirar de frente. La docencia es una de las profesiones más sociales que existen. Un profesor no trabaja con contenidos abstractos, trabaja con personas. Creemos que no se debe buscar su hiperproductividad, se debe buscar que sepa interpretar gestos, detectar al que se ha descolgado, gestionar un conflicto en el pasillo, sostener una tutoría difícil con una familia.
Háztelo mirar si…
- Te sientes culpable cuando descansas, incluso ahora que no hay examen a la vista.
- Mides el estudio en horas o páginas y no en comprensión, recuperación o capacidad de aplicar.
- Has ido recortando relaciones porque cualquier plan te parecía tiempo robado a la plaza.
- Añades tareas sin parar, aunque muchas apenas muevan la aguja del resultado.
- Te cuesta detenerte porque el silencio te obliga a pensar en el cansancio o en el miedo al año que viene.
- Comparas tu ritmo con el de otros opositores y siempre sales perdiendo.
Reconocer estas señales no es abandonar la disciplina. Es recuperar el mando sobre ella.
Cómo se usa bien un mes de agosto
La solución no es dejar de planificar. Una oposición exige constancia y método. Pero necesita también una productividad sostenible, que aguante periodos temporales largos y no tres meses. Cuatro principios para estas semanas:
- Descansa de verdad, no a medias. Un descanso con el temario en la mochila «por si acaso» no descansa y tampoco estudia. Pon fecha de vuelta y respétala. El cerebro consolida lo aprendido durmiendo y desconectando, no repasando en bucle.
- Reconstruye lo que has ido aplazando. Llama tú. Las relaciones que se aplazan «hasta después de la oposición» no esperan indefinidamente, y son las que te van a sostener en la siguiente convocatoria.
- Haz balance por escrito, una sola vez. Una tarde, un folio. Qué funcionó, qué no, qué nota sacaste en cada prueba y por qué. Ese folio escrito en agosto vale más que veinte horas de vídeos en septiembre.
- Guarda material de verano para el curso. Un museo, una ruta, una lectura, una conversación con alguien de otro oficio. Todo eso se convierte después en contextualización real para tus situaciones de aprendizaje. Ya lo contamos en este post sobre la importancia del contexto.
Mañana, 30 de julio, es el Día Internacional de la Amistad, que Naciones Unidas proclamó en 2011 como parte de su marco de Cultura de Paz. No hace falta celebrarlo con nada especial. Basta con usarlo de recordatorio.
No alquiles el apoyo que puedes construir
Las familias de alquiler funcionan como advertencia, no como caricatura. La eficiencia permite contratar servicios, automatizar tareas y ahorrar horas, pero hay vínculos que no se fabrican en el momento en que los necesitas. Requieren presencia, reciprocidad y tiempo dedicado con calma.
Tu proceso de oposición también necesita una red real. Gente que celebre tus avances sin convertirlos en competición. Gente que te diga que pares. Gente capaz de señalarte un error sin hundirte. Y gente que sepa hablarte de algo que no sea la oposición.
Estudia con disciplina cuando toque. Planifica con cabeza. Usa la tecnología. Pero no confundas una agenda llena con una preparación sólida.
Y cuando en junio vuelvas a sentarte delante de un tribunal, no tendrás que interpretar el papel de una persona preparada, segura y capaz de conectar con los demás. Lo habrás practicado todo el año.
Descansa en agosto. En septiembre, acompañado.
En Opositiva no preparamos opositores en solitario, hacemos comunidad.