#106 Manifiesto Docente
Por los que no se rinden. Por los que vuelven cada mañana.
MANIFIESTO DOCENTE
Esto va por todos.
Por los que no se rinden.
Por los que vuelven cada mañana.
Por los que cambian el mundo desde una pizarra.
Los que se quedan cuando otros se van.
Los que ven lo que nadie más ve.
Los que apartan la ley y el currículo para mirar a los ojos.
Los que se niegan a ser papeleo y estadística.
Los que reivindican el latido humano en la era de las pantallas.
Los arquitectos invisibles.
Los que no pueden teletrabajar porque su trabajo es estar, siempre al pie del cañón.
«Qué bien viven los profesores.»
«Cuántas vacaciones.»
«Tampoco es tan difícil dar clase.»
Las noches corrigiendo cuando los demás ya duermen.
Las tardes preparando lo que nadie agradece.
Nadie lo quiere ver.
La excursión con adolescentes,
donde la responsabilidad pesa más que el equipaje.
Y una vocación que no tiene botón de apagado.
Puedes no estar de acuerdo con sus métodos.
Puedes quitarles autoridad con cada comentario fácil.
Puedes llamarles vagos o afortunados.
Y después, puedes preguntarte:
¿por qué cada vez menos personas quieren dedicarse a enseñar?
Aunque quizás ya sabes la respuesta.
Aún así, muchos allí siguen.
Creyendo en el adolescente en el que ya nadie creía,
sirviéndole de apoyo,
abriéndole los ojos a un mundo que no veía.
Porque no están para transmitir datos.
Están para despertar conciencias.
Para remover inquietudes.
Porque hay quien aún posee esa locura.
Para cambiar el mundo.
Para cambiar el futuro.
Para cuidar el detalle.
Para mejorar cada curso.
Para cambiar vidas.
Para que perdure la locura.
Para seguir creyendo que una palabra,
una pregunta,
una mirada a tiempo,
puede cambiar el mundo.
Hazte docente.
Únete a la locura de cambiar el mundo
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