¿Nadie atrás o todos parados?
Contra la mediocridad de un sistema educativo que no avanza
Una historia para empezar
Era una mañana de martes. Segundo piso de un instituto de cualquier ciudad. El profesor de 3º de ESO entró al aula y pidió silencio con el gesto de siempre. Nadie le hizo caso. Lanzó la pregunta al aire: «¿Quién me explica qué es una metáfora?»
Silencio. Dos manos a medias. El mismo alumno de siempre.
El profesor respiró hondo y pensó, sin decirlo en voz alta: «Si avanzo, los pierdo. Si espero, los aburro.» Ese dilema, reproducido en miles de aulas cada día, no es un problema pedagógico. Es un problema sistémico. Y tiene nombre.
La trampa de «que nadie se quede atrás» es que, si no se gestiona bien, termina siendo «que nadie avance.»
No en pocas ocasiones hemos escuchado últimamente el eslogan «Que nadie quede atrás». Pese a no estar totalmente en desacuerdo, ya hemos hablado del uso torticero de las palabras y de que cada matiz cuenta. Algo que parece tener un mensaje angelical e inofensivo, quizá no lo sea tanto.
Desde Opositiva, ya hemos dicho más de una vez que queremos ser una Academia diferente y pese a que, actualmente, la mayoría de lo que ofrecemos son cursos de preparación de oposiciones, también queremos ser un lugar de encuentro para la reflexión y la crítica al sistema educativo.
Porque no solo queremos formar a la gente más preparada para superar unas oposiciones, sino que como docentes, también queremos participar en construir un sistema educativo mejor.
En primer lugar, contribuyendo a que esos que superen el proceso ya hayan hecho alguna de estas reflexiones y suponga incorporar a personas que aporten alto valor añadido. Además, queremos hablar de los puntos de mejora y proponer pequeñas (y grande) acciones para tratar de resolver alguno de los problemas que tiene este. Es cierto que es muy difícil hacerlo, es un sistema complejo de tamaño descomunal. De hecho, incluso podríamos decir que son 17 sistemas complejos de gran tamaño porque cada comunidad autónoma tiene uno.
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En el post de hoy y aprovechando la cercanía del 15 de mayo, Día Internacional de las Familias, nos parece el momento oportuno para revisar el contrato social que tenemos con la educación. Durante años, hemos oído ese mantra de «que nadie se quede atrás«. Pero, siendo honestos, es un eslogan que se nos ha quedado pequeño. Si el objetivo es solo que nadie se retrase, el riesgo es que el sistema se detenga para esperar a todos y terminemos en una sociedad estancada.
No queremos que nadie se quede atrás,
queremos que todos estemos a la vanguardia.
Es llamativo cómo en la educación reglada, por las mañanas, hay determinados puntos del sistema educativo que parecen generarnos (a todos) cierta incomodidad. Sin embargo, en casa, por la tarde, lo asimilamos.
No todos tenemos ni las mismas capacidades, ni las mismas habilidades, ni los mismos talentos. Ni todo el alumnado de un grupo va a las mismas extraescolares, incluso aquellos que sí, en muchas ocasiones no asisten a los mismos niveles de las mismas. ¿Por qué hay que agrupar por clases diversas al alumnado para que el docente tenga que preparar 8 niveles? Llega un punto en el que además de imposible, resulta ridículo.
Para avanzar hacia la excelencia del sistema educativo, hay que ser realistas. No todas las carencias son iguales. Hay prioridades, niveles y, sobre todo, una jerarquía de competencias que no podemos ignorar si queremos una sociedad mejor y no una mediocre.
Sherlock Holmes decía que el cerebro es como un pequeño ático vacío que debes amueblar; los tontos lo llenan de trastos, el sabio elige solo las herramientas que necesita para su trabajo.
Jerarquizar el aprendizaje
Hay conocimientos que son «Apps» y otros que son el «Sistema Operativo» (fundamentales). No saber la ley de la palanca se soluciona en cinco minutos. Pero no saber comprender un texto, no saber argumentar oralmente o ser incapaz de seguir instrucciones por escrito, es un fallo crítico en el sistema educativo.
El perfil de excelencia
Potenciar su talento para que tire del resto.
El perfil de riesgo
Reforzar la base comunicativa, porque sin ella ninguna otra fortaleza podrá florecer.
Vencer la mediocridad
Una sociedad que se conforma con que sus ciudadanos «sepan lo justo» regala su futuro.
En Opositiva queremos que quien se prepare con nosotros consiga la plaza, sí. Pero también queremos que tengan una impronta propia. Ha llegado el momento de «virar el timón del transatlántico» de la educación. Necesitamos que los agrupamientos garanticen niveles homogéneos para que quienes puedan ir más allá, vayan más allá.
Avanzar juntos significa reconocer que cada caso es único. Solo así pasaremos de una educación que «corrige» a una que «impulsa». Si alguien necesita apoyo especial, el sistema educativo debe ser capaz de identificar esa carencia y ayudarle de verdad.
🚀 Nuestra hoja de ruta
No nos detenemos en el examen. Queremos crear contenido que ayude al sistema educativo a mejorar de forma real. Estar a la vanguardia es una elección diaria.
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