El borrador que escribe la máquina
El 4 de septiembre de 2026, en una noticia que fuera de Asturias pasó casi desapercibida, la Consejería de Educación del Principado confirmó que está ultimando una herramienta concreta para el curso que acaba de empezar: un agente que ayudará al profesorado a redactar su programación didáctica con inteligencia artificial.
No un curso.
No una recomendación.
Una herramienta oficial que genera un borrador personalizado de programación.
Lee otra vez esa frase si estás pensando en la oposición de 2027, porque dice algo incómodo que llevabas tiempo sospechando. La propia administración considera que redactar una programación es, en buena parte, carga documental automatizable.
Y si el documento se abarata, la pregunta se vuelve muy sencilla. ¿Qué es exactamente lo que te van a comprar a ti en ese tribunal?
Los límites de tu programación didáctica con inteligencia artificial
Una programación didáctica exige ordenar objetivos, competencias, contenidos, criterios de evaluación, situaciones de aprendizaje, atención a la diversidad y planificación temporal. Cientos de horas de encaje. El Principado ha decidido que una máquina puede dar la primera estructura, adaptar materiales a distintos niveles y preparar versiones de un mismo contenido para alumnado con necesidades diferentes.
Pero el mismo anuncio incluye el límite, y está muy bien formulado:
La máquina propone. El docente decide. El agente puede redactar, pero quien responde de lo que se enseña sigue siendo el profesor.
Eso no es una frase bonita de cierre. Es, literalmente, el criterio con el que te va a puntuar un tribunal. Porque el tribunal no evalúa tu documento, evalúa si eres capaz de sostenerlo.
En la misma quincena, el INTEF actualizó su guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo. La nueva versión ya no habla solo de herramientas: habla de privacidad, de equidad, de integridad académica, de impacto ambiental y de bienestar digital. E incorpora un detalle que conviene mirar de frente, porque es un espejo: un modelo de declaración de uso de IA para que el alumnado explique cuándo y cómo ha utilizado estas herramientas en un trabajo.
Si vamos a pedirle eso a un chaval de quince años, lo mínimo es tener la respuesta preparada para nosotros mismos.
Vamos con lo útil, sin misticismo. Usada con criterio, una herramienta de IA te ahorra semanas en tareas que son mecánicas y que no te dan ni un punto extra por sufrirlas.
- El esqueleto formal. Convertir el anexo de tu convocatoria en un índice completo, con todos los apartados obligatorios y ninguno de más. Es trabajo de fontanería, y la máquina lo hace en un minuto.
- Las tablas de correspondencia. Cruzar competencias específicas, criterios de evaluación y saberes básicos en una tabla legible es tedioso y propenso al error humano por cansancio. Delegable, siempre con revisión posterior.
- Variantes DUA de una misma actividad. Pedirle tres versiones de una tarea según las pautas de representación, de acción y expresión y de implicación te da material de partida para el apartado de atención a la diversidad, que suele ser el más pobre de las programaciones mediocres.
- Recortar sin destrozar. Si tu convocatoria limita a sesenta páginas y vas por noventa y cuatro, la IA es una buena tijera. Tú decides qué se va y ella lo reescribe más corto.
Hasta aquí, ganancia limpia. El problema empieza cuando el borrador de la máquina se convierte en el documento final sin que nadie lo piense de verdad.
Cuatro cosas que no puede hacer, y son justo las que puntúan
1. No conoce tu contexto. La contextualización es lo primero que abre un tribunal y lo primero que delata un texto generado. Un modelo de lenguaje escribe siempre el mismo centro: «línea dos, zona urbana, nivel socioeconómico medio, alumnado heterogéneo». Ese centro no existe. El tuyo sí, y tiene un proyecto educativo, un plan de convivencia, un porcentaje concreto de alumnado con necesidades específicas y un barrio con historia.
2. No tiene motivos, tiene frecuencias. El tribunal no te pregunta qué pone en la página treinta y cuatro. Te pregunta por qué elegiste ese criterio de evaluación y no otro, por qué esa temporalización, por qué ese instrumento. Una máquina puede darte la opción más probable. No puede darte la razón por la que es la tuya.
3. Alucina normativa con una seguridad impecable. Los modelos de lenguaje inventan números de decreto, fechas de publicación y artículos inexistentes, y lo hacen con el mismo tono con el que aciertan. Citar un real decreto que no existe delante de un tribunal de tu especialidad es de las pocas cosas que hunden una defensa en diez segundos.
4. No sale a defenderla. Treinta minutos de pie, sin leer, respondiendo preguntas. Ahí no hay copiloto.
Ya hablamos de esto a propósito de improvisar sobre inteligencia artificial delante de un tribunal: el problema nunca es la herramienta, es llegar con el guion aprendido sin entender la obra.
Un protocolo de cuatro pasos para usarla sin que te hunda
Esto es lo que recomendamos a nuestros alumnos que ya trabajan con IA, que son casi todos.
Paso 1. Decide antes de preguntar.
Un folio a mano, sin pantalla. Especialidad, curso, contexto real del centro, hilo conductor de la programación y el criterio metodológico que vas a defender. Si abres el chat sin eso, lo que salga será de la máquina y se notará.
Paso 2. Úsala como correctora, no como autora.
El cambio de una sola palabra en tu petición cambia todo el resultado. En vez de «escríbeme el apartado de evaluación», prueba con «aquí está mi apartado de evaluación, dame las tres objeciones más duras que me haría un tribunal». Lo segundo te hace mejor. Lo primero te hace prescindible.
Paso 3. Verificación normativa, una por una.
Ninguna referencia legal entra en el documento sin que la hayas abierto en el boletín oficial que corresponda. Sin excepciones y sin prisa. Esta es la regla que más disgustos evita.
Paso 4. La prueba del minuto. Coge cada apartado y explícalo en voz alta, sesenta segundos, sin mirar el papel. Lo que no pasa esa prueba, o sobra, o no es tuyo todavía. Es el filtro más barato que existe y el que mejor predice cómo irá la defensa.
El contrapunto honesto
Dos matices, porque aquí no vendemos certezas.
Primero, usar IA para preparar tu programación no es trampa. Es exactamente lo que la administración asturiana va a ofrecerle al profesorado en activo, y lo que la guía del INTEF plantea como uso legítimo siempre que sea consciente y declarado. Quien te diga que hay que escribirlo todo a mano para que tenga mérito está confundiendo esfuerzo con resultado.
El segundo, menos agradable, una programación generada y no pensada no se detecta en el documento, se detecta en la defensa. Nadie te va a acusar de nada. Simplemente llegará la tercera pregunta del tribunal y no habrá nada debajo. Y esa décima no se recupera.
Por eso el veredicto de Asturias vale también para ti, con las palabras cambiadas de sitio. La máquina puede escribir tu programación, pero la plaza la firma quien sabe defenderla.
El documento es la mitad. La otra mitad eres tú
En Opositiva trabajamos exactamente lo que ninguna herramienta puede generar por ti: una programación didáctica con criterio propio, una unidad didáctica que se sostiene, temas que entiendes de verdad y una defensa oral que aguanta las preguntas incómodas.
Fuente de la noticia: Asturias Mundial, 4 de septiembre de 2026.